Movemos el cobro al ritmo del producto, no del banco.
Movemos 500+ cobros de empresas de alimentos como la tuya.
Llegamos a 30+ corredores, incluso a los que tu banco no cubre.
Sigues cada paso en vivo hasta que el dinero entra a tu cuenta.
Una persona te acompaña en cada operación, no un formulario.
Cobrar un perecedero es una parte del proyecto, no un trámite suelto.
Cobrar un perecedero es una parte de tu cobro internacional para exportadores, no un servicio suelto. Abres tu cuenta una vez, creas tu orden de cobro, y cada parte del pago de tu carga entra por el mismo camino, del anticipo al saldo.
Trabajamos desde 25,000 dólares por operación, sin tope hacia arriba. Te confirmamos el plazo de tu corredor antes de empezar. Si tu operación es menor a ese monto, o si buscas mandar una remesa personal, no somos la ruta, y te lo decimos de frente.
Cuando el producto se echa a perder, el cobro cambia de naturaleza.
Vendiste algo que se daña. Eso lo cambia todo: el comprador no paga igual, el precio no se cierra igual, y un viaje torcido te puede dejar sin carga y sin cobro. Y el viaje castiga al producto antes de tocar muelle: en los países en desarrollo, los barcos esperaron en promedio 10,9 horas anclados antes de atracar en 2024, frente a 6,4 en los desarrollados (lo que en el puerto llaman tiempo de fondeo), según la UNCTAD. Cada hora anclado, tu fruta envejece.
Estos son los golpes que un exportador de perecederos conoce de memoria:
Si tu problema no es el producto sino solo cuándo te llega el dinero, eso se resuelve distinto: mira el cobro rápido de exportaciones. Aquí manda el producto: por eso el cobro se asegura antes y se documenta al llegar.
Cómo se cobra una carga perecedera.
El cobro de carga perecedera se arma en partes, porque el producto pierde valor mientras viaja y el pago suele depender de cómo llega. Lo usual es asegurar una parte antes de que la carga salga, y cerrar el resto cuando el comprador la recibe. Son tres piezas:
Anticipo antes de embarcar: tu comprador paga una parte antes de que el producto salga.
Aceptación en destino: tu comprador revisa la carga al llegar, y esa revisión condiciona el saldo.
Saldo o cuenta de venta: cobras el resto al aceptarse la carga, o al venderse si va en consignación.
El anticipo no es un favor que pides: es un mecanismo con nombre oficial. En el pago anticipado, tu comprador paga el valor de la mercadería antes del embarque, según el Gobierno de Brasil (Siscomex). Con un perecedero, ese anticipo es lo que te deja embarcar tranquilo: si algo pasa en el viaje, ya cobraste una parte.
Con Trilla, creas tu orden de cobro por el anticipo y se la envías a tu comprador. Él paga por esa vía, y el saldo entra después por el mismo camino, dentro de tu cobro internacional para exportadores.
Si hay rechazo de la carga en destino, el cobro se cae con ella.
La carga llega, tu comprador o la autoridad del país la revisa, y si llega fuera de condición la rechazan. Un contenedor de perecedero rechazado en destino casi nunca vuelve: el producto no aguanta el viaje de regreso. Te quedas sin carga, y el saldo que dependía de esa entrega se cae con ella.
Por eso el cobro del perecedero se asegura antes y se documenta después. El anticipo te cubre una parte pase lo que pase, y la aceptación documentada en destino deja claro qué se entregó y en qué condición, para que el saldo no quede al aire.
Esto es el rechazo por la condición del producto. Cuando el que rebota no es tu comprador sino el banco, por el perfil o la plaza de quien te paga, eso se resuelve distinto: mira el cobro de compradores de alto riesgo. Con la aceptación documentada y el cobro en partes, cobras lo acordado.
La merma y el precio abierto: cuando el monto se mueve con el producto.
El producto pierde peso y calidad en el viaje, y el recibidor lo sabe: te re-tasa al llegar y te quiere pagar menos de lo pactado. La merma no es mala suerte tuya: el 13% de los alimentos que se producen en el mundo se pierde entre la cosecha y la venta minorista, según las Naciones Unidas. Es la naturaleza del producto, y el cobro se acuerda sabiendo que el monto puede moverse.
A eso se suma la consignación a precio abierto: en muchos perecederos el precio se cierra al venderse en destino, y tu lote queda vivo hasta que el comprador te manda la cuenta de venta. El cobro en consignación queda abierto hasta ese cierre, y mientras tanto tú ya pagaste cosecha, empaque y flete.
Lo que te protege es definirlo de frente: qué parte cobras fija con el anticipo, cómo se documenta la condición al llegar, y por qué vía entra cada cobro. Así la re-tasación no se vuelve un descuento a ciegas.
Lo que cobras antes de embarcar.
Se mueve con merma y precio abierto.
Cómo entra tu cobro cuando la carga manda.
El proceso es corto. Antes de mover, revisamos a las dos partes de la operación, así sabes con quién estás tratando del otro lado. Tu dinero solo está de paso: entra para tu cobro y sale derecho hacia tu cuenta, y viaja vigilado hasta que llega.
Una sola vez. Confirmamos los datos de tu empresa.
Una orden por cada parte: anticipo, saldo o cuenta de venta.
Cada parte entra por la misma vía, sigues cada cobro en vivo.
El dinero entra a tu cuenta de siempre, completo.
Cobras el anticipo, embarcas tranquilo, cobras el saldo, y dices que sí a la siguiente temporada sin que el miedo al rechazo te frene el contenedor.
